En España, 3,8 millones de hogares —el 20,5 % del total— conviven con, al menos, una persona con discapacidad. Casi ocho de cada diez familias temen qué ocurrirá con sus hijos e hijas cuando ellos ya no estén, ante la falta de figuras de referencia que garanticen su bienestar en el futuro
El próximo 15 de mayo se celebra el Día Internacional de las Familias. En este marco, el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco presenta el 15º informe Discapacidad y Familia, que analiza la situación, preocupaciones y expectativas de las familias con hijos e hijas con discapacidad, con el objetivo de arrojar luz sobre los retos que afrontan y su visión de futuro, especialmente en el ámbito del empleo.
Este informe se presenta en un contexto marcado por la incertidumbre, los cambios acelerados en el mercado laboral, la automatización y las dificultades de acceso a la vivienda. Un escenario en el que algunas familias parten de una situación de especial vulnerabilidad. Entre ellas, aquellas con hijos e hijas con discapacidad, que afrontan barreras añadidas para lograr su bienestar, su inclusión y, especialmente, su futuro.
Las conclusiones de este informe se basan en una encuesta realizada a 425 familias con hijos o hijas con discapacidad. De ellas, el 50 % tiene discapacidad intelectual; el 30,8 % psicosocial —derivada de un diagnóstico de salud mental—; el 19,3 % física; el 14 % sensorial y el 3,7 % orgánica.
El miedo al futuro sin referentes: la gran preocupación de las familias
En España, 3,8 millones de hogares (el 20,5 %) conviven con, al menos, una persona con discapacidad y se contabilizan 215.790 personas con discapacidad menores de 18 años, según la Base Estatal de Personas con Discapacidad del IMSERSO. Se trata de hogares que afrontan una situación de especial vulnerabilidad, al tener que responder a necesidades de apoyo más intensas y continuadas, reorganizar su vida familiar y, en muchos casos, asumir mayores costes económicos, emocionales y de conciliación. El porcentaje de hogares con discapacidad asciende en comunidades como Galicia (24,6 %), Región de Murcia (24,5 %) o Canarias (24,2 %). En otras regiones como Navarra (17,1 %) y Euskadi (17,2 %), el porcentaje es inferior al nacional (20,5 %).
En efecto, la llegada de un hijo o hija con discapacidad marca un antes y un después en la vida familiar. Supone afrontar una realidad inesperada que trae consigo nuevas necesidades, cambios en la organización del hogar y un proceso de aprendizaje constante.
En las primeras etapas tras el diagnóstico, las emociones predominantes suelen estar ligadas al impacto inicial de la noticia. Según los datos del presente informe, los sentimientos más frecuentes entre las familias son el miedo (91,8 %), la desorientación (83,8 %) y la tristeza (66,6 %), reacciones comprensibles ante una situación que plantea interrogantes sobre el presente y el futuro. Un poco más lejos emergen también emociones como la soledad (25,6 %), la incomprensión (24,2 %) o el enfado (19.8 %).
Según Ana Múgica, coordinadora del Plan Familia de la Fundación Adecco, estas emociones forman parte de un proceso natural de adaptación: «Sin embargo, es fundamental que no se cronifiquen ni generen un sentimiento de bloqueo o aislamiento. Cuando las familias cuentan con información clara, acompañamiento y una red de apoyo adecuada, pueden transformar la incertidumbre inicial en una actitud más segura y proactiva, lo que influye de forma muy positiva en el bienestar familiar y en el desarrollo de la persona con discapacidad».
De hecho, con el paso del tiempo, muchas familias logran reorganizar su vida cotidiana y avanzar hacia una nueva normalidad. Sin embargo, a medida que se superan las primeras fases de impacto, pueden emerger otras preocupaciones vinculadas al largo plazo y, con el tiempo, el miedo inicial que sienten el 91,8 % de las familias tiende a transformarse: el foco deja de situarse en el diagnóstico y se desplaza progresivamente hacia el futuro, especialmente hacia el largo plazo.
En concreto, emerge con fuerza la preocupación por qué ocurrirá cuando los padres ya no estén y quién garantizará el bienestar, la autonomía y la estabilidad de su hijo o hija en la vida adulta. Así, el 78 % de las familias reconoce que su mayor preocupación, superado el impacto inicial del diagnóstico, es qué ocurrirá con su hijo o hija cuando ellos falten, especialmente ante la posibilidad de que no existan otras figuras de referencia (como abuelos, hermanos u otros familiares) que puedan acompañarle y velar por su bienestar. Este temor está estrechamente relacionado con el riesgo de aislamiento social, mencionado por el 47,8 % de las familias, ya que la falta de una red de apoyo estable puede limitar las oportunidades de participación en la comunidad y la continuidad de apoyos que favorezcan una vida autónoma. A esta inquietud se suma la preocupación por la persistencia de prejuicios y barreras sociales: cerca de la mitad (43,8 %) teme que su hijo pueda ser discriminado o rechazado en diferentes ámbitos de la vida.
Asimismo, un 10,4 % manifiesta inquietud por el acceso a una vivienda adecuada en el futuro, que garantice a su hijo o hija con discapacidad unas condiciones de vida autónoma, segura y adaptada a sus necesidades.
El empleo, la gran incertidumbre
Las preocupaciones de las familias también se proyectan sobre el ámbito laboral, percibido como un pilar esencial para garantizar la autonomía y la inclusión social de las personas con discapacidad. Esta inquietud no es infundada: actualmente, la tasa de actividad de las personas con discapacidad apenas alcanza el 35,4 %, lo que quiere decir que el 64,6 % de las que tienen edad laboral no tiene trabajo ni lo busca —un porcentaje que asciende hasta el 78,5 % entre el resto de la población—. Este dato refleja las dificultades estructurales que todavía existen para acceder y participar en el mercado laboral en igualdad de condiciones, y merma las expectativas de las familias con hijos e hijas con discapacidad.
En efecto, si hay un elemento que define la percepción de las madres y padres sobre el futuro laboral de sus hijos e hijas con discapacidad es la incertidumbre. Casi seis de cada diez familias (57,2 %) reconoce no tener claro cómo será su futuro profesional. Esta inquietud, en mayor o menor medida, la comparten todos los padres y madres del siglo XXI en un contexto de transformación acelerada del mercado laboral, marcado por la automatización, los cambios en las competencias o la redefinición de muchos puestos de trabajo. Sin embargo, en el caso de las personas con discapacidad, esta incertidumbre se intensifica al persistir barreras estructurales que dificultan su acceso al empleo en igualdad de condiciones.
De hecho, solo el 13,2 % cree que su hijo o hija podrá trabajar en una empresa ordinaria, entendida como aquella en la que la persona con discapacidad desarrolla su actividad en igualdad de condiciones y en los mismos espacios y proyectos que el resto de la plantilla. Por su parte, un 12,2 % considera que podrá acceder a un empleo con apoyo.
Resulta especialmente significativo que un 19,5 % de las familias considere que su hijo o hija no podrá trabajar en el futuro, ya sea debido a un elevado grado de discapacidad o a la percepción de que el mercado laboral todavía no ofrece oportunidades reales de inclusión. Este dato pone de manifiesto la desconfianza que todavía persiste entre muchas familias, así como la sensación de que los avances logrados en los últimos años aún no son suficientes ni han llegado con la intensidad necesaria al conjunto del mercado laboral. Aunque el progreso es innegable, el futuro sigue percibiéndose como incierto, lo que refleja la necesidad de seguir consolidando oportunidades reales de inclusión.
En palabras de Fátima López, responsable del Plan Familia de la Fundación Adecco en Madrid, el empleo representa mucho más que una fuente de ingresos y subraya que el acceso al empleo tiene un impacto profundo no solo en la persona con discapacidad, sino también en su entorno familiar.
8 de cada 10 familias echa en falta itinerarios formativos adaptados
Ante la preocupación que manifiestan las familias por el futuro laboral de sus hijos e hijas con discapacidad, el informe ha querido profundizar en algunos de los factores que condicionan sus oportunidades de empleo, para identificar tanto fortalezas como debilidades en el proceso de preparación para la vida laboral.
La principal inquietud se concentra en la falta de itinerarios formativos adaptados a la persona con discapacidad: ocho de cada diez familias (80 %) consideran que no existen opciones de formación suficientemente alineadas con las capacidades, intereses y vocación de su hijo o hija. Esta carencia limita de forma directa sus expectativas de acceso al empleo, ya que dificulta la adquisición de competencias ajustadas tanto a sus necesidades de apoyo como a las demandas reales del mercado laboral, reduciendo así las posibilidades de una inclusión laboral efectiva.
En la misma línea, más de la mitad de las madres y padres (52 %) considera que su hijo o hija no está recibiendo el acompañamiento necesario para acceder al empleo en el futuro, lo que incrementa la sensación de inseguridad ante su vida adulta. Asimismo, el 60 % duda que llegue a contar con las competencias necesarias para desenvolverse con autonomía en un futuro puesto de trabajo, mientras que un 29 % teme que las empresas no dispongan de los apoyos técnicos y humanos necesarios para facilitar su inclusión.
Vocación y motivación: desmontando estereotipos sobre discapacidad y empleo
La falta de itinerarios formativos adaptados a las necesidades de las personas con discapacidad sigue siendo una de las principales carencias detectadas por las familias. Sin embargo, esta situación no responde a una ausencia de vocación o motivación por parte de las personas con discapacidad, sino a la falta de oportunidades formativas suficientemente accesibles, flexibles y alineadas con sus intereses, capacidades y proyectos profesionales.
Cabe señalar que, en algunos casos persiste la obsoleta percepción de que las personas con discapacidad muestran un menor interés por el empleo o que sus aspiraciones profesionales son limitadas; sin embargo, los datos del presente informe invitan a cuestionar este planteamiento.
Lejos de esta visión, muchos menores con discapacidad manifiestan una clara inquietud por su futuro laboral: de hecho, el 58,4 % expresa interés por tener una profesión cuando sea mayor. En numerosos casos, además, identifican ya una vocación concreta (19 %), lo que pone de relieve la importancia de generar itinerarios formativos que conecten sus intereses con oportunidades reales de desarrollo profesional.
Fátima López, responsable del Plan Familia de la Fundación Adecco en Madrid señala que, «el reto está en no limitar sus expectativas antes de tiempo. Con frecuencia, y de manera inconsciente, se condiciona su futuro al asumir que sus posibilidades son más reducidas, cuando en realidad muchas personas con discapacidad tienen vocación, motivación y mucho que aportar. Es fundamental avanzar hacia entornos educativos y laborales que escuchen más, orienten mejor y generen oportunidades reales, porque el potencial existe; lo que a menudo falta es el espacio para desarrollarlo y, en algunos casos, el acompañamiento necesario para poder recorrer ese camino con confianza».
Conciliación y discapacidad: un reto estructural para las familias
La conciliación entre la vida laboral, personal y familiar adquiere una complejidad especial cuando en el hogar hay una persona con discapacidad. En estos casos, conciliar no se limita a organizar horarios, sino que implica garantizar cuidados especializados, estabilidad emocional y disponibilidad de recursos a lo largo del tiempo.
Los resultados del presente informe confirman el impacto directo de la llegada de la discapacidad en la trayectoria profesional de madres y padres. El 75 % ha tenido que realizar cambios en su vida laboral para atender las necesidades de apoyo de su hijo o hija con discapacidad. Entre las medidas más frecuentes destacan la reducción de jornada (28,1 %), el acceso a nuevas fórmulas de flexibilidad laboral (18 %), la salida del empleo (16,9 %) o el acogimiento a la prestación CUME —subsidio para el cuidado de menores con enfermedad— (12,4 %). Además, un 8 % señala que logra compatibilizar empleo y cuidados con gran dificultad, en una dinámica marcada por el esfuerzo constante, mientras que un 3 % se ha visto obligado a cambiar de empleo para poder adaptarse a las necesidades de apoyo de su hijo o hija.
El análisis también evidencia que la conciliación sigue recayendo mayoritariamente en el entorno familiar, especialmente en las mujeres: el 73,2 % de las personas que asumen el cuidado en el ámbito familiar son mujeres, principalmente madres, lo que refleja la persistente feminización de los cuidados y el impacto que esta responsabilidad tiene en su desarrollo profesional y personal.
Vulnerabilidad económica y desafíos invisibles
La discapacidad suele implicar una reorganización profunda de la vida familiar que, en muchos casos, también tiene un impacto en la economía doméstica. Los gastos asociados a apoyos especializados, terapias o recursos educativos, junto con los ajustes laborales que a menudo deben realizar madres y padres, pueden generar una mayor presión económica. Esta realidad sitúa a muchas familias en una posición de mayor vulnerabilidad financiera, especialmente en un contexto de incremento del coste de la vida.
Los datos del informe reflejan que las dificultades económicas forman parte del día a día de muchas de estas familias: cerca de la mitad (43,5 %) reconoce encontrar algún grado de dificultad para llegar a fin de mes. Sin embargo, resulta significativo que, aun siendo relevantes, los retos económicos no constituyen la principal preocupación: más de tres de cada cuatro familias (77,8 %) señalan que las dificultades sociales y emocionales asociadas a la discapacidad tienen un mayor peso en su bienestar cotidiano.
Sobrecarga física y mental
Las dificultades emocionales pesan más que las económicas y, de hecho, el 67,3 % de las familias con personas con discapacidad manifiesta convivir con una elevada sobrecarga mental y física. La necesidad de coordinar recursos sanitarios, educativos y sociales, así como de anticipar y gestionar múltiples aspectos del día a día, exige un esfuerzo sostenido que puede generar fatiga emocional, estrés y una sensación de exigencia permanente. Esta realidad no solo impacta en el bienestar de madres y padres, sino que también condiciona su equilibrio personal, su estabilidad laboral y su capacidad para proyectar el futuro con mayor serenidad.
El papel del sector fundacional y el tejido asociativo como red de apoyo para las familias
Uno de los datos más significativos del informe es el protagonismo del sector fundacional y el tejido asociativo como principales fuentes de apoyo para las familias con personas con discapacidad. En concreto, el 67,8 % señala a las fundaciones y asociaciones como su principal respaldo, situándolas incluso por delante de la propia familia (63 %). Este dato pone de manifiesto el papel esencial que desempeñan estas entidades en el acompañamiento, la orientación y la cobertura de necesidades que, en muchos casos, no están suficientemente atendidas por otros recursos.
Tras el tejido asociativo, las familias destacan el apoyo de los profesionales educativos (35,6 %) y sanitarios (18,7 %), mientras que el entorno de amistades ocupa un lugar más secundario (16,8 %). En menor medida, un 4,9 % señala el respaldo de otras familias en la misma situación y un 5 % menciona otras fuentes de apoyo, como ayudas públicas de ámbito estatal o autonómico. Por último, un 2,7 % afirma no contar con ningún tipo de apoyo.
Según Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco: «El hecho de que las fundaciones y asociaciones lideren este ranking resulta especialmente revelador, ya que evidencia hasta qué punto se han consolidado como un pilar fundamental en la vida de las familias. No solo complementan la labor de los recursos públicos, sino que, en muchos casos, se convierten en el soporte más cercano, constante y especializado, cubriendo vacíos y generando redes de acompañamiento que resultan determinantes para el bienestar y la inclusión de las personas con discapacidad».
Plan Familia Fundación Adecco: la importancia del acompañamiento integral
El acompañamiento constituye un elemento clave para que las familias con personas con discapacidad puedan afrontar con mayor seguridad los retos cotidianos y planificar el futuro con confianza. La discapacidad no solo conlleva necesidades específicas en el ámbito sanitario o educativo, sino que también requiere orientación continua para tomar decisiones informadas, coordinar recursos, acceder a apoyos especializados y construir un proyecto de vida autónomo e inclusivo. Por ello, disponer de un referente profesional que escuche, oriente y acompañe de forma continuada marca una diferencia significativa en el bienestar emocional, la calidad de vida familiar y las oportunidades de desarrollo de la persona con discapacidad.
En este sentido, el Plan Familia de la Fundación Adecco, que ya cuenta con 3134 personas beneficiarias, se configura como un programa de acompañamiento integral que actúa de forma simultánea en las dimensiones personal, familiar y social, con el objetivo de impulsar la vida independiente, la inclusión social y la futura empleabilidad de las personas con discapacidad. Su enfoque multidisciplinar permite abordar de forma coordinada todos aquellos factores que influyen en la autonomía, el desarrollo de habilidades y el acceso a oportunidades formativas y laborales.








