Especialistas del Hospital Quirónsalud Bizkaia destacan que la combinación de tratamiento farmacológico y rehabilitación permite mejorar la movilidad, reducir caídas y prolongar la autonomía de los pacientes de Parkinson
- Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), más de 160.000 personas en España conviven con esta enfermedad neurodegenerativa, cuya prevalencia podría triplicarse en las próximas décadas
Hay momentos en la vida que se miden en pasos, en la longitud de una zancada que se acorta poco a poco. Hay días en los que el ritmo que se vuelve irregular, los avances se esfuman y hay que volver a empezar. Y ese es el día a día de las personas que conviven diariamente con el Parkinson, personas a las que los gestos cotidianos exigen cada vez más y más esfuerzo. En esta enfermedad que, según la Sociedad Española de Neurología (SEN) afecta a 160.000 personas en España, el movimiento deja de ser un acto automático para convertirse en un desafío constante.
Debido al progresivo envejecimiento de la población y siendo la edad uno de los principales factores de riesgo, la enfermedad del Parkinson se ha convertido en uno de los mayores desafíos sanitarios actuales. Según la SEN, se estima que el número de afectados podría triplicarse en los próximos 25 años. En la actualidad, ya se trata del trastorno del movimiento más prevalente y de la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente en el mundo, solo por detrás de la Enfermedad de Alzheimer.
«El Parkinson es una enfermedad cuyos síntomas se desarrollan de forma progresiva, generando una discapacidad que avanza lentamente», explica Alejandro Durán, jefe de Servicio de Neurología del Hospital Quirónsalud Bizkaia. Esta patología se caracteriza por la disminución de la dopamina, un neurotransmisor clave en el control del movimiento y el equilibrio. Por ello, entre sus síntomas más habituales se encuentran el temblor, la rigidez muscular, la lentitud en el movimiento (bradicinesia) y la inestabilidad postural. «Se manifiesta con lentitud motora, temblor, alteraciones de la marcha y rigidez, lo que acaba afectando a actividades básicas e instrumentales de la vida diaria: desde la torpeza manipulativa hasta las caídas o el dolor articular, pudiendo derivar en situaciones de dependencia», explica el doctor Durán.
Es una patología que cambia radicalmente la vida de quienes la padecen y de sus familias y frente a este escenario, el abordaje mediante robótica abre nuevas oportunidades para mejorar la calidad de vida de los pacientes que día a día sufren sus consecuencias. «Cuando una persona llega a la Unidad de Neurorrehabilitación Robótica, lo primero que hacemos es conocerla en profundidad y también es muy importante conocer su entorno para adaptarnos a la realidad», señala Sara García Delgado, fisioterapeuta y responsable de esta Unidad del Hospital Quirónsalud Bizkaia. «Realizamos una valoración exhaustiva para determinar en qué fase se encuentra y poder diseñar un tratamiento individualizado, adaptado a su evolución. Es una carrera de fondo, y el tratamiento debe evolucionar con el paciente».
Además, ambos especialistas coinciden en la importancia de desterrar la visión negativa asociada a las enfermedades neurodegenerativas. «Hoy en día existen tratamientos farmacológicos que aumentan la esperanza y la calidad de vida de los pacientes con Parkinson», subraya Durán. «Y la neurorrehabilitación permite, en momentos concretos de la enfermedad, mejorar limitaciones motoras, de coordinación o dolor, lo que se traduce en meses o años de vida con mayor calidad», apunta el especialista en neurología.
Entre las herramientas más utilizadas en neurorrehabilitación robótica destacan los exoesqueletos para la mejora de la marcha, así como plataformas de entrenamiento del equilibrio y la coordinación. «Uno de nuestros principales objetivos es retrasar la evolución de los síntomas, especialmente aquellos relacionados con la marcha y las caídas», explica García Delgado. «Si conseguimos que una persona tenga menos riesgo de caerse o que pueda levantarse por sí misma, estamos hablando de autonomía: de poder salir a la calle, ir al baño o realizar actividades cotidianas sin depender de otros». El abordaje del Parkinson no solo pasa por tratar la enfermedad, sino por acompañar a la persona en todo su proceso, con el objetivo de preservar su autonomía y bienestar.









