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Los ópticos-optometristas recuerdan que mirar el eclipse solar sin protección puede provocar daños irreversibles en la visión

El próximo 12 de agosto se podrá observar un eclipse solar desde gran parte del país, por lo que el CGCOO recomienda utilizar exclusivamente gafas homologadas para este tipo de acontecimientos y extremar las precauciones con los niños y con el uso de prismáticos, telescopios o cámaras

Con motivo del eclipse solar que tendrá lugar el próximo 12 de agosto y que se podrá ver desde buena parte de España, el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas (CGCOO) advierte de que observar el Sol sin la protección adecuada puede provocar lesiones irreversibles en la retina, incluso cuando el cielo esté parcialmente cubierto por nubes o el Sol parezca menos intenso.

De hecho, uno de los principales peligros durante un eclipse es la falsa sensación de seguridad que produce el oscurecimiento del ambiente. Al disminuir la luminosidad, muchas personas creen que el Sol ya no representa un riesgo para la visión, cuando en realidad la radiación solar continúa siendo suficientemente intensa como para dañar la retina mientras cualquier parte del disco solar permanezca visible. «El eclipse puede hacer que el Sol moleste menos a la vista, pero eso no significa que sea más seguro mirarlo. Precisamente esa falsa sensación de seguridad puede llevar a mantener la mirada durante más tiempo y provocar lesiones irreversibles en la retina», explica el presidente del CGCOO, Andrés Gené Sampedro.

Con el objetivo de disfrutar de este acontecimiento astronómico sin poner en riesgo la salud visual, los ópticos-optometristas recomiendan seguir una serie de medidas básicas de prevención.

Utilizar exclusivamente gafas homologadas para eclipses solares. Las gafas de sol convencionales, aunque sean muy oscuras, no protegen frente a la intensa radiación presente durante la observación directa del Sol. Tampoco sirven radiografías, cristales ahumados, negativos fotográficos ni ningún otro método casero. Solo deben emplearse gafas o visores que cumplan la norma ISO 12312-2, adquiridos en establecimientos sanitarios de óptica, donde el ciudadano podrá recibir además el asesoramiento adecuado para su utilización.

Comprobar el estado de las gafas antes de utilizarlas. Si presentan rayaduras, perforaciones, dobleces o cualquier deterioro, no deben emplearse. Ante cualquier duda sobre su estado o procedencia, es preferible no utilizarlas.

Extremar las precauciones con prismáticos, telescopios y cámaras. Las gafas de eclipse no pueden utilizarse junto a estos dispositivos. Estos instrumentos concentran la radiación solar y pueden causar lesiones oculares graves en pocos segundos si no disponen de filtros solares específicos instalados correctamente.

Optar por métodos de observación indirecta. Sistemas como la cámara oscura o la proyección estenopeica (pinhole) permiten proyectar la imagen del Sol sobre una superficie sin observarlo directamente, por lo que constituyen una de las alternativas más seguras y recomendables, especialmente en actividades educativas.

Supervisar siempre a los menores. Los niños deben observar el eclipse bajo la vigilancia de un adulto para garantizar que utilizan correctamente las gafas homologadas y no miran directamente al Sol. En los más pequeños, la observación indirecta es la opción más segura.

Una lesión que puede no doler, pero sí dejar secuelas
La exposición directa al Sol sin la protección adecuada puede producir retinopatía solar, una lesión de la retina que afecta principalmente a la mácula, responsable de la visión central y de la percepción de los detalles. Entre sus consecuencias pueden encontrarse visión borrosa, aparición de una mancha central que, en algunos casos, puede ser permanente, distorsión de las imágenes, dificultad para leer o alteraciones en la percepción de los colores.

Además, la retina carece de receptores del dolor, por lo que el daño puede producirse sin que la persona perciba ninguna molestia durante la exposición. En muchos casos, los síntomas aparecen horas o incluso días después, cuando la lesión ya se ha producido. «Muchas personas creen que, si no sienten dolor o el Sol parece menos brillante, no existe peligro. Sin embargo, los daños en la retina pueden producirse sin previo aviso y manifestarse posteriormente. Por eso, insistimos en que nunca debe mirarse al Sol sin la protección adecuada, ni siquiera durante unos segundos», añade Gené Sampedro.

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