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Radiografía de la piel en verano: por qué el calor afecta a su salud y cómo protegerla

El aumento de las temperaturas trae consigo un incremento de los problemas cutáneos. La Dra. Anita Raja, médico de cabecera y experta en salud femenina, en colaboración con Herbalife, destaca la importancia de comprender cómo afecta el verano a la piel para adoptar pequeños hábitos de cuidado que no solo la protejan durante los meses de calor, sino que también contribuyan a mantenerla sana a largo plazo

El verano suele asociarse a una piel más luminosa y saludable.  Pasar más tiempo al aire libre, el favorecedor efecto del sol sobre el tono de la piel y un menor uso del maquillaje pueden transmitir la sensación de que el cutis luce en su mejor momento. Sin embargo, la realidad es que el aumento de las temperaturas también trae consigo un incremento de los problemas cutáneos. Los brotes de acné, la deshidratación, el exceso de grasa, la sensibilidad y la aparición de manchas son algunas de las consultas más habituales durante esta época del año. Además, quienes conviven con afecciones como el eccema, la rosácea o la psoriasis, pueden ver cómo el calor agrava sus síntomas y dificulta su control. La doctora Anita Raja, médico de cabecera y experta en salud femenina, en colaboración con Herbalife, destaca la importancia de comprender cómo afecta el verano a la piel para adoptar pequeños hábitos de cuidado que no solo la protejan durante los meses de calor, sino que también contribuyan a mantenerla sana a largo plazo.

Por qué el verano puede pasar factura a la piel
Aunque el verano invita a disfrutar del sol y de las actividades al aire libre, también supone un desafío para la salud de la piel. Tres factores desempeñan un papel clave durante los meses más cálidos: la radiación ultravioleta (UV), el calor y la humedad.

 Lar exposición solar, es con diferencia, el principal agresor. Los rayos UV no solo provocan quemaduras, sino que también aceleran el envejecimiento cutáneo al degradar progresivamente el colágeno y la elastina, las proteínas responsables de mantener la piel firme y elástica. Como consecuencia, aumentan la aparición de arrugas, manchas y pérdida de elasticidad y, a largo plazo, también se incrementa el riesgo de desarrollar cáncer de piel. 

El calor y la humedad plantean otros desafíos. Las altas temperaturas estimulan la producción de sebo y favorece la sudoración, mientras que las partículas de contaminación y otras impurezas pueden acumularse sobre la superficie de la piel. La combinación de estos factores favorece la obstrucción de los poros y la aparición de brotes de acné.

 Además, aunque en verano la piel suele presentar un aspecto más brillante debido al exceso de sebo y sudor, esa sensación de «piel grasa» no implica necesariamente una buena hidratación. De hecho, el calor puede alterar la función de la barrera cutánea y favorecer la pérdida de agua, lo que provoca deshidratación incluso en pieles con tendencia grasa. El resultado puede ser una piel tirante, apagada, más sensible y vulnerable a las agresiones externas.

Cuando las vacaciones dejan huella en la piel
Durante el verano no solo cambian las condiciones ambientales, sino que también lo hacen los hábitos. Las vacaciones suelen alterar las rutinas diarias y traen consigo menos horas de sueño, un mayor consumo de alcohol, cambios en la alimentación, más tiempo al aire libre y, en muchos casos, una relajación de los cuidados de la piel.

 Estos cambios en el estilo de vida pueden reflejarse rápidamente en el aspecto y la salud de la piel. El consumo de alcohol favorece la deshidratación, mientras que una dieta rica en azúcares refinados puede aumentar la inflamación en personas predispuestas. A ello se suma la falta de descanso, que dificulta los procesos naturales de regeneración cutánea, haciendo que la piel tarde más en recuperarse de la exposición solar y de otras agresiones ambientales.

 Viajar también puede suponer un reto adicional. Los cambios de clima, la diferente calidad del agua o el uso de productos de cuidado facial distintos a los habituales pueden alterar el equilibrio de la piel. Si, además, la rutina de cuidado se vuelve más irregular, la barrera cutánea puede debilitarse, favoreciendo la aparición de sequedad, irritación o brotes.

 Los errores más frecuentes al usar el protector solar
El protector solar sigue siendo el mejor aliado para proteger la piel frente a los efectos de la radiación ultavioleta y un imprescindible en cualquier rutina de cuidado durante todo el año, especialmente en verano. Los expertos recomiendan optar por un fotoprotector de amplio espectro con un factor de protección solar (FPS) de, al menos, 30 para el uso diario y elevar la protección a FPS 50 cuando se vaya a pasar un tiempo prolongado al aire libre, ya sea en la playa, la piscina o durante las vacaciones.

 Sin embargo, utilizar un protector solar no siempre garantiza una protección eficaz. Uno de los errores más habituales es aplicarlo únicamente por la mañana y dar por hecho que su efecto se mantiene durante toda la jornada. Para conservar el nivel de protección, es necesario reaplicarlo cada dos horas cuando se permanece al aire libre y siempre después del baño, de practicar ejercicio o de una sudoración intensa.

 Otro fallo frecuente es utilizar una cantidad insuficiente de producto. En la práctica, la mayoría de las personas aplica menos protector del necesario para alcanzar el nivel de protección indicado en el envase, por lo que la piel queda mucho más expuesta a la radiación solar de lo que se piensa.

 La hidratación de la piel va mucho más allá de beber agua 
Mantener una piel sana e hidratada no depende únicamente de la cantidad de agua que se bebe. La barrera cutánea desempeña un papel fundamental para retener la humedad y proteger la piel frente a las agresiones externas, por lo que una hidratación adecuada es el resultado de combinar una buena rutina de cuidado con unos hábitos de vida saludables. 

 Durante los meses de más calor, los expertos aconsejan hidratarse de forma constante a lo largo del día, sin esperar a tener sensación de sed. Además, incorporar alimentos con un alto contenido en agua, como el pepino, la sandía, los frutos rojos o el tomate, también ayuda a mantener una correcta hidratación. 

 La alimentación, también influye en la salud de la piel. Los alimentos ricos en ácidos grasos omega-3, como el pescado azul, las nueces o las semillas de lino, contribuyen a reforzar la función de la barrera cutánea. Por su parte, las frutas y verduras de colores intensos aportan antioxidantes que ayudan a proteger la piel frente al daño provocado por los factores ambientales y el estrés oxidativo.

Ajustar la rutina de cuidado, también es clave en verano
Del mismo modo que adaptamos la ropa a las altas temperaturas, la rutina de cuidado de la piel también debería ajustarse a las necesidades del verano. Durante los meses más cálidos, suele ser recomendable sustituir las cremas más densas por fórmulas ligeras e hidratantes, que aporten confort sin resultar pesadas ni favorecer el exceso de grasa.

 La limpieza también cobra especial importancia. Lavar el rostro por la mañana y por la noche ayuda a eliminar el exceso de sebo, el sudor, los restos de fotoprotector y las impurezas acumuladas durante el día. Sin embargo, tan importante como limpiar la piel es evitar hacerlo en exceso. Lavarse el rostro con demasiada frecuencia o utilizar productos demasiado agresivos puede alterar la barrera cutánea, favoreciendo la deshidratación, la irritación y una mayor sensibilidad.

 A la hora de elegir los productos, ingredientes como la niacinamida, el ácido hialurónico, el escualano o la vitamina B5 son excelentes aliados para mantener la hidratación y reforzar la piel durante el verano. En cambio, activos como el retinol o los ácidos exfoliantes conviene reservarlos para la rutina de noche y utilizarlos siempre junto con un fotoprotector de amplio espectro al día siguiente, ya que pueden aumentar la sensibilidad de la piel frente a la radiación solar. 

En esta época del año, menos suele ser más. Simplificar la rutina y priorizar la hidratación el fortalecimiento de la piel es, en muchos casos, una estrategia más eficaz que combinar múltiples productos con ingredientes activos.

Cinco hábitos sencillos para cuidar la piel durante el verano
El verano está para disfrutar del aire libre, no para preocuparse por la salud de la piel. Adoptar unos hábitos sencillos y adaptar la rutina de cuidado a esta época del año puede marcar la diferencia para prevenir los efectos de la radiación solar mantener una hidratación adecuada y preservar la piel en buen estado a largo plazo. La clave no está en seguir rutinas complejas, sino en ser constantes con unos cuidados básicos:

  • Usar fotoprotector de amplio espectro todos los días y reaplicarlo cada dos horas cuando se permanezca al aire libre, así como también después del baño y de una sudoración intensa.
  • Mantener una buena hidratación, bebiendo agua de forma regular e incorporando alimentos con un alto contenido en agua, como frutas y verduras.
  • Limpiar la piel con suavidad, eliminando los restos de fotoprotector, sudor e impurezas sin recurrir a una limpieza excesiva que pueda alterar la barrera cutánea.
  • Elegir productos ligeros e hidratantes, con ingredientes que ayuden a reforzar la función barrera y a mantener el equilibrio de la piel durante los meses de calor.
  • Cuidar la alimentación, priorizando una dieta variada y equilibrada, rica en frutas, verduras, grasas saludables y alimentos integrales, para favorecer la salud de la piel desde el interior.

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